Verdad,bondad y belleza

 El departamento era como la mayoría de las moradas de clase media en la ciudad. Bloques de concreto de 10 pisos de alto con 12 planos de viviendas de 2 recamaras cortados con la misma tijera, con una vista a las luces brillantes de la ciudad que se extendía hasta donde llegara la mirada. Incluían un balcón a lo largo de la sala de estar. Cada día, cuando el señor Yamamoto llegaba a casa proveniente de la ajetreada fábrica de autos en la que trabajaba, se cambiaba la ropa antes de preparar una pequeña tetera. Mientras que las tiernas hojas verdes mezclaban su aroma con el agua perfectamente caliente, abría las puertas corredizas para ver su colección de tres bonsáis, cada uno en su propia maceta laqueada, y cada uno recibía con diligencia los cuidados que necesitaba. Eran su pequeño pedazo de sosiego en un entorno urbano por demás frenético.

Al contrario de la creencia popular, los bonsáis no son árboles cuyo tamaño se ha reducido por prácticas genéricas crueles que confinan a la raíz a crecer en recipientes pequeños. Se trata de árboles o plantas comunes, usualmente de hojas pequeñas, a los que se poda meticulosamente para lograr esa impresión de ser una entidad independiente y única y, al mismo tiempo, parte de la naturaleza. El árbol suele colocarse descentrado dentro del recipiente, no solo para crear una línea asimétrica placentera a la vista sino, lo que es mas importante, porque el centro se considera como el lugar en donde se reúnen el cielo y la tierra, y no debe perturbarse. También es una expresión de la relación armoniosa entre una energía que da vida (el alma), el artista (el hombre) y el árbol (la naturaleza).

 De acuerdo con la tradición, se necesitan tres virtudes para la Creación del bonsái: Shin (verdad), Zen (bondad) y Bi (belleza). Esto no es para los tímidos ni para los impacientes: un bonsái hermoso requiere una dedicación acendrada. Es la versión más refinada del esmero en el matrimonio entre el arte y la horticultura.

 Antiguamente, se tomaban los árboles del entorno salvaje, pero con el incremento en la demanda de árboles diminutos comenzaron a surgir viveros. Hoy día, aun se puede comenzar con árboles a los que se ha impedido el crecimiento de manera natural o con árboles jóvenes, pero también son comunes los bonsáis de semillas o podados. Y, aunque técnicamente podría entrenarse a cualquier árbol o arbusto, se considera que algunos son mejores que otros. En Japón, la tendencia es hacia las plantas oriundas tales como el pino, las azaleas y el arce (maple, en ingles); este último se considera la planta "original" del bonsái; no obstante, con la propagación del arte, los seguidores de otras regiones han descubierto plantas nativas que tienen la forma adecuada, como el junípero californiano, del oeste de Estados Unidos.

 Para mantener los árboles en su tamaño miniatura (de los 5 centímetros al metro de alto), es necesario reducirlos y darles forma. La reducción se logra mediante la poda extensiva tanto de las ramas como de las raíces, aunque uno debe conocer a su árbol. Algunos bonsáis necesitan un periodo de letargo durante el cual no crecen nuevas hojas ni raíces, y podarlo sería un desastre. Además, un suelo echado a perder para un bonsái es doblemente nocivo.

Cada año o dos debe cambiarse la tierra por completo para mejorar las condiciones de vida.Una vez que el tamaño se ha resuelto, el siguiente paso es darle forma. A pesar de que algunas especies son demasiado frágiles para moldearlas de manera adecuada, a la mayoría de los bonsáis se les sujetan las ramas y los troncos con alambre de cobre o aluminio hasta lograr la forma deseada. A veces se les cuelgan pesos pequeños de las ramas para lograr el efecto de pandeo que hace que el árbol se vea más viejo de lo que es, lo cual aumenta su valor. La edad y madurez pueden también simularse mediante tratamientos de extirpación de la corteza que dan la ilusión de un proceso natural de cicatrización. De hecho, los bonsáis pueden vivir durante cientos de años, pero para nosotros, seres mortales de corta vida, quienes buscamos irónicamente volver atrás el reloj tanto como nos sea posible, esta es una ocasión para apresurarlo.