Historia del Museo

LA HISTORIA DEL VIEJO ARAÑA

Por: Pedro J. Morales

A veces nosotros los bonsaístas nos olvidamos y trabajamos los arboles como si ellos no sintieran nada. Este articulo lo escribí poniéndome en el lugar del árbol, para que entendamos que ellos también sienten y padecen. Me recuerda el video de Shinji Suzuki que menciona y se pregunta el mismo “¿Cuánto puede hacer el hombre para cambiar la naturaleza? “ Tenemos que tener en cuenta que son seres vivientes. Los invito a reflexionar y de vez en cuando póngase usted a pensar, si usted fuera un árbol ¿Qué le gustaría que le hicieran? – Pedro J. Morales

 

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Mi nombre es Ficus microcarpa “Exótica” pero todo el mundo me conoce como “Spider” que en castellano quiere decir araña pero a mí me gusta más en ingles!. Nací aquí en México, específicamente en Fortín de las Flores, Veracruz donde siempre he vivido.

He decidido escribir mi historia para ver como despertamos conciencia entre estos jóvenes de ahora para que se preocupen de una vez por nosotros los viejos.

Mi Padre y mi Madre vivieron aquí mismo cerca de mí por muchos años, en realidad siempre hemos vivido muy cerca y aunque somos inmigrantes nos sentimos mexicanos porque hemos vivido aquí toda una vida. Vimos crecer este pueblo. Actualmente yo ni recuerdo cuantos años tengo pero dicen los libros y otros viejos con más memoria que yo que debo estar rondando los 100 años. Imagínense todas las historias que tengo!

Voy a comentarles la historia de mi vida. Nací y me crie en Fortín. Viví prácticamente toda mi vida en el cine del pueblo. Allí crecí y vi a muchos crecer y morir, enamorarse, pelear, en fin vi de todo. Mi casa en lo alto del muro del cine me permitía ver todo lo que sucedía en la calle. Trabaje toda mi vida de vigilante. Desde mi estratégica residencia podía trabajar todo el día y a la vez disfrutar como crecían los niños en este pueblo. Vi de todo. Pero siempre pasa lo mismo, nos volvemos viejos y la gente nos olvida. Ya los muchachos pasaban por la calle y ni me miraban. Nadie me visitaba, hubo que cerrar el cine porque nadie quería venir a ese cajoncito pequeño. Ahora todos preferían ir al remozado cine con pantalla gigante.

Afortunadamente pude seguir viviendo de vigilante en mi puesto aunque ya nadie visitaba mi casa. Lamentablemente las casas si no las mantienes se deterioran. Aquí el gobierno como en la mayoría de los sitios se olvido de este sector y poco a poco mi casa, el viejo cine de Fortín se vino abajo pedazo por pedazo. Trate de hacer todo por mantener mi trabajo y mí puesto en lo alto del muro que me sostuvo por casi 100 años pero el tiempo nos venció. Vino la nueva generación, esa que por construir se olvida de nosotros los viejos e inescrupulosamente nos elimina y destruye sin piedad. Me sostuve lo más que pude pero mis piernas y manos ya no podían más. Deje mi casa, me caí de mi muro que por muchos años me sostuvo y me dio vida.

Ya en suelo increíblemente gente a la que vi a diario pasaba por mi lado como si no me conocieran! Postrado en el piso le pedí ayuda a todos y nadie me hacía caso. La misma gente que por muchos años le di cobija los vi crecer, les daba sombra para que se acariciaran de novios. Ni caso me hacían! Ya débil recuerdo al muchacho José que paso en su camioneta y me recogió. Yo jamás pensé que este chico que vi crecer aquí en pueblo fuera de esa clase de gente que se preocupara por los viejos como yo. José pertenece ahora a uno de esos grupos ecológicos nuevos que llaman bonsaístas. Ellos se preocupan por viejos como nosotros tengamos la oportunidad de una nueva vida. José me llevo rápidamente a lo que parecía un hospital. Yo ni recuerdo lo que me hicieron porque mis piernas ya no las sentía y perdí la conciencia por un tiempo.

Cuando desperté me habían colocado en unos zapatos muy cómodos espaciosos y con buena plantilla. Allí encontré muchos viejos amigos, todos felices y me decían: “Viejo araña, no te preocupes aquí te vas a sentir mejor que en tu casa¨ . Me daban mucho ánimo y decían que cuando conociera al dueño de aquel sitio me iba a sentir mejor.

Así mismo fue, un día apareció el viejo Miguel Ros, valla sorpresa que te da la vida. A ese lo vi desde pequeño! Era un muchacho que no hacía más que disfrutarse la vida. Venia al cine a menudo con diferentes chicas. Conocí a toda su familia incluyendo a su Padre. Luego lo deje de ver por un tiempo y regreso con Consuelo, una españolita guapa que lo puso derechito. El viejo Miguel había crecido y se convirtió en un gran empresario.

Pero lo más importante que hizo fue acordarse de los viejos del pueblo y de todo México. Hizo un asilo aquí en Fortín muy cómodo. Ellos le llaman Museo pero a mí no me vengan con otra cosa, yo sé que es un asilo porque todos aquí somos viejos!!! Hay gente de Puebla, de León, hasta los viejos de Mérida los traen aquí, en fin, de todo México y muchos más viejos que yo que conste. Miguel se ha encargado de conseguir los mejores doctores y junto a José y un buen grupo de muchachitos jóvenes todos han hecho de este asilo mi nueva casa y un paraíso para todos nosotros los que vivimos acá. Increíblemente jóvenes vienen a visitarnos y nos admiran por nuestras arrugas.

Les mostramos como es la vida cuando viejos y les contamos a nuestra forma nuestras experiencias. Todos salen satisfechos y admirados por nuestra nueva juventud. Volviendo con mi historia, El Viejo Ros trajo un especialista desde Puerto Rico cuando vio mi condición. Decía que era un tipo que sabía mucho y que posiblemente podía resolver el problema de la columna que yo tenía. Al caerme del muro ya había perdido mi soporte y no tenia de donde recostar mi débil espalda.

Don Pedro también es un viejo cascarrabias, pero no tan viejo como Miguel y yo, el tipo parecía que sabia aunque aquí, cada vez que viene lo que hace en comer tacos de la vieja Guicha. Cuando me vio por primera vez rápidamente reconoció mi situación y llamo por teléfono a Puerto Rico y le pidió a su joven esposa Yrene que le enviara una foto que había tomado en 1995 en China durante un congreso donde había un caso parecido al mío. Quería mostrarle a Don Miguel que estos casos si se pueden reparar y darle seguridad al viejo de que todo saldría bien.

Don Miguel asintió y dio su permiso para que hicieran lo que hubiera que hacer para salvarme, esto lo agradezco de todo corazón y ahora veo que el viejo Miguel tiene un corazón enorme para con las personas como yo de mayor edad. Don Pedro trabajo todo un día junto que un gran equipo de trabajo que lograron estabilizarme y volver a reparar el muro que me sostenía. Esta vez utilizaron unos cómodos y frescos ladrillos antiguos que hasta hoy han sido mi nueva espalda. Posiciono mis ramas en nueva dirección y me dio una afeitada tremenda.

Cuando desperté estaba ya en el asilo cómodamente estacionado en mi nueva casa y me sentía como nuevo. No paso mucho tiempo en restablecerme, allí todos los chicos que trabajan me quieren muchísimo y me tienen mucho aprecio y respeto. Don Pedro viene todos los años y me da un chequeo completo, no sabe cuán agradecido estoy de este barbudo de Puerto Rico.

El viejo Miguel viene todos los días a verme, vive aquí al lado mío y aunque su amada Consuelo ya no está con nosotros, Miguel y yo platicamos de ella y de todos los gratos momentos que vivimos aquí en Fortín. Recordamos las veces que iban al cine y de todas las historias de sus hijas, nietos y bisnietos que han crecido aquí junto a su familia. Yo me siento parte de esta familia y todos los que vivimos aquí en este asilo estamos muy contentos de que existan estos llamados bonsaístas que nos cuidan y velan por nosotros y que tenemos la suerte de tener un ángel aquí en Fortín que nos permite vivir con él frente a su casa.

 

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